The wolf of… the system

En medio de una ruidosa mañana capitalina hemos decidido realizar nuestra primera nota. Hoy vamos a hablar de los sueños de las personas, qué esperanzas tienen en su futuro y cómo trabajan para un sistema que conscientemente conspira en su contra (¡plop!).

No son pocas las personas que decidieron entregar 3 horas de su vida para mirar la llamativa película “El lobo de Wall Street”. Por 3 horas consecutivas se obligaron a sí mismos a soportar, mirar el aplastante éxito de una persona que le hace trampa al sistema. Las repetitivas escenas de sexo con modelos, fiestas y viajes evitan que la persona piense en las víctimas del éxito de aquel llamativo personaje. Sin embargo, ¿Fue él la primera persona en descubrir un atajo para alcanzar libertad financiera?, ¿Fue el último? Tal vez si mirásemos a nuestro alrededor nos encontraríamos con varios lobos, tal vez no de Wall Street, pero sí del sistema.

El sistema incentiva, con atractivos beneficios, a quien decide perjudicar a otros para mejorar su situación, lo que en verdad es una masacre sin reglas se oculta bajo la falsa premisa de sana competencia. La miseria de millones de personas se oculta bajo las imágenes de una minoría siempre sonriente, que promueven premisas sobre el arduo trabajo y el premio al más capacitado -mientras disfrutan de interminables descansos para los cuales, sí que se han capacitado-. El sistema está conforme con castigar a aquellos que sobrepasan una línea (que parecería coincidir con la difusión de sus errores), mientras sus pares actúan sorprendidos por algo de lo que tenían noticia previamente.  Baste con mencionar el repetitivo ejemplo de las sobrevaloraciones en los bienes inmuebles o, burbujas inmobiliarias como mejor se las conoce. En aquellas situaciones es aquel mismo sujeto que determina su valor quien, al golpear la crisis, dictamina que el valor no suple la obligación para la que inicialmente se le dio aval, ¿qué los lleva a sobrevalorar bienes para entregar créditos a quien no puede pagarlos y para que además consuma en la cantidad que no pueden consumir?

Es claro que aquel sujeto no se perjudica; al golpear la crisis todas las alarmas se prenden y, bajo la premisa de defender al perjudicado se actúa exclusivamente para salvar al perjudicante. Los bienes bajan intempestivamente su valor, y los cómplices de aquel sujeto que tenían noticia de su consciente sobrevalorización, pueden comprar bienes a un precio excelente y en condiciones muy agradables. Las escenas nos recuerdan la película: libertad financiera alcanzada rápidamente, fiestas, viajes y todo lo demás. Sin embargo, ésta vez no nos olvidamos de las víctimas, ¿Qué pasa con ellos? ¿En qué parte de la película participan? Ellos son ahora los personajes silenciados, los personajes que no pudimos ver en la película.

Las personas ven cómo sus propios sueños se diluyen, pierden el fruto de largos y tediosos años de trabajo, como consecuencia de una calamidad que, aparentemente, afectó a todos: desde su lado de la película, no pueden ver los viajes, el dinero y la fortuna de unos pocos que resultaron beneficiados –Los lobos del sistema-, ésta vez la película sólo se vive desde el lado de la víctima. Su dolor se generaliza en todo aquel que padece una situación similar y entonces aparecen las profecías, aquellas que hablan de cambios en la humanidad: vientos de cambio intempestivos y grandiosos, sin embargo la repetitiva historia muestra tímidos cambios que en nada solucionan el problema de fondo.

A propósito de estepas siberianas (como diría Chespirito), ¿Será que algún día se cumplirá la profecía?

Posdata: la nota está pensada para tener la redacción que tuvo, los cambios en las expectativas literarias son una bienvenida a lo que se avecina.

Autor: El profeta

 

 

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